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IMAGEN DE LA MUJER

En un mundo en el que la mayoria de los trabajadores son mujeres, me asombra ver como se sigue dando el rol de médicx al hombre, de enfermerx a la mujer y de técnicxs a hombres. En pocas ocasiones se ven en las series o películas bomberos, policias… que sean mujeres. La invisibilización de nuestro trabajo viene de la mano de nosotras mismas, luchemos por salir a dirigir nuestro camino.

Elisa Cobos

La esencia de la especialidad son ellas

Las mujeres representan la implicación, la entrega y la dedicación diaria en los servicios de urgencia. A lo largo de mi vida como urgenciologo solo puedo tener admiración y respeto hacia la mujeres que trabajan a mi lado ,enseñándome cada día . La esencia de la especialidad son ellas. Gracias

Carlos Bibiano Guillen, urgenciólogo

Tengo muchas razones para rendir homenaje a mis compañeras de especialidad

Tengo muchas razones para rendir homenaje a mis compañeras de especialidad. Me quedaría con estas pocas.

Son el exponente del liderazgo de género traducido en una cada vez mayor frecuencia de urgenciólogas en los diferentes servicios. Ya son mayoría. Son el ejemplo práctico de la adaptación de su vida personal al servicio de los pacientes, dejando al margen en muchas ocasiones intereses de conciliación y sin tener reconocida aún en España esta labor.

Son la garantía de comprensión, por afinidad, de los colectivos vulnerables de nuestra sociedad. Y esto se refleja en la especial sensibilidad con la que manejan situaciones como el maltrato, las violaciones o los casos de sumisión química.

Por mi parte solo me toca reconocer su trabajo, exigir que se reconozca, y agradecer ser mejor gracias a ellas.

Juan González Armengol, urgenciólogo

La universalidad del Universo

Cuando surge en algún noticiero, del medio que sea, o en conversación de grupo familiar o de amigos, el tema de la discriminación de la mujer, no tengo por menos que hablar de mis compañeras urgenciólogas, dejando las cosas en su sitio.

Desde que entré el primer día en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. Quien no conozca el otoño de Madrid, no puede saber lo que se siente un mes de octubre, con 17 años, al pasear por ese campus. Tuve claro que las mujeres en la facultad eran mayoría, gracias a Dios. Yo no estaba acostumbrado a colegios mixtos, bastante me distraía en clase durante el bachiller. La impresión imagínense, fue muy buena.

Desde esos momentos la sensación fue siempre la misma: ¡Son mejores que los hombres! Más atentas, más listas, más empollonas, tienen mejores apuntes…y los dejan.

Después en el trabajo ha sido igual. Siempre he defendido y preferido a las mujeres médicos de urgencias: Son iguales, trabajan igual, son igual de compañeras, son igual de listas y saben igual. Por tanto, cobran lo mismo, cosa que no he entendido en otros gremios, la desigualdad en el sueldo. Pero son más simpáticas, más atentas, más sensibles y más guapas que los troncos ¿Deberían ganar más?

En una cosa no son iguales, sí tengo que decirlo, tienen menos ego. La vanidad la llenan con otra cosa, como la familia, por ejemplo. Pero lo prefiero. Mejor que te den la murga con la comunión del niño, que se peleen contigo por ir las primeras en un trabajo. Jajaja, es una broma.

En fin, podría estar escribiendo durante mucho tiempo, pero sería una torpeza. No tendría ningún sentido. ¡Escribe algo sobre la universalidad del universo! Pues eso.

Besos chicas, de urgencias se entiende.

Ricardo Juárez, urgenciólogo

Mis primeras mentoras

Mis primeras mentoras del buen hacer en Urgencias fueron mujeres. Ellas fueron mis referencias de cómo se podía, siempre, aportar algo bueno a cualquier paciente y compañero. Les estoy muy agradecido y me siento un afortunado de intentar seguir su ejemplo”

Carlos Ibero Esparza, urgenciólogo

Lo haces muy bien… solo te falta el bigote

Con esta frase, dicha con mucha naturalidad, salimos de un box de urgencias mi compañero Gonzalo y yo después de hablar con el hijo de una paciente anciana que me había tenido preocupada toda la tarde y a la que finalmente diagnostiqué de un problema quirúrgico. El familiar quería una segunda opinión, porque de la mía no se fiaba. En solo dos minutos y prácticamente con mis mismas palabras mi compañero había convencido a ese hijo de lo que yo había sido incapaz minutos antes.

Ser una médico de urgencias joven cada vez en menos ocasiones supone un problema para mis pacientes pero ser joven y mujer todavía si.

Después de 15 años de ejercicio en el servicio de urgencias ya no me molesta; me hastía en ocasiones, en otras me apena.

Siempre digo que la Medicina de Urgencia me eligió a mí y no al revés. Es una de mis pasiones a la que sin duda dedico más tiempo y esfuerzo. Y lo hago desde la responsabilidad y el amor por mi trabajo. Igual que todos y cada uno de mis compañeros con los que comparto horas de insomnio, cansancio físico y emocional y momentos de satisfacción por el trabajo bien hecho. 15 años después siento que tengo el reconocimiento de mis compañeros y el agradecimiento de muchos de los pacientes y familiares con los que he compartido una fracción de sus vidas…y aún sigo sin “el bigote”

María Andrés Gómez, urgencióloga

Siempre es complicado “desnudarse” pero la razón bien lo merece

Siempre es complicado “desnudarse” pero la razón bien lo merece. Soy un “apasionado de la vida”, pasión y vida están íntimamente ligadas, por eso me dedico a esta maravillosa especialidad. Pero poder disfrutar de estas emociones solo ha sido posible por el cuidado de la persona que delimitó mis primeros pasos, me guió siendo niño y posterior rebelde, por la implicación de la persona que más tarde me enseñó el significado de la palabra pasión y sin duda por el compromiso de las personas que me mostraron el camino iniciático de mi vocación, la MUE. Soy el reflejo de todas ellas y por tanto a ellas me debo. Son todas mujeres, son mis iguales y son además compañeras y amigas. Cuanto os siento y cuanto os quiero; ¡¡gracias!!

Tato Vázquez Lima, urgenciólogo

La igualdad entre sexos consiste esencialmente en no fijarse en el sexo

El equipo médico de urgencias de mi hospital está constituido en el momento actual por 8 mujeres y dos hombres. Visto de otra manera, también está formado por 3 mayores y por 7 jóvenes. Quizá menos importante, pero también está constituido por dos personas rubias naturales y el resto morenas. Yo diría que hay 5 altos y cinco bajos. No estoy seguro, pero deduzco que 4 son de derechas y 6 de izquierdas. Nueve guapos, entre los que me encuentro, y uno feo, o fea, que no lo aclaro, pero que por desgracia es amigo, o quizá amiga. Si me pusiera enfermo no me importaría que el médico que me asignaran fuera hombre o mujer, mayor o joven, rubio o moreno, alto o bajo, de derechas o de izquierdas, guapo o feo. Y la razón es que creo que en mi servicio tengo la suerte de que todos los médicos son inteligentes, y ninguno necio, y, sobre todo, porque, también por suerte, todos son buenos médicos de urgencias y ninguno malo. Cuando enfermo, no quiero fijarme en lo que tienen entre las piernas los médicos que me atienden, ni en su edad, ni en sus ideologías. No son las variables que me interesan. Lo único que deseo es que sean buenas personas y buenos médicos.

Cesáreo Álvarez Rodríguez, urgenciólogo

“niña tráeme la cuña” o “¿cuándo vendrá el doctor?”

Después de más de 30 años dedicada a la medicina, he pasado desde aquel “niña tráeme la cuña” o “¿cuándo vendrá el doctor?” a la absoluta normalización del “usted es la doctora?” Así es la vida, la medicina se ha feminizado y se ha normalizado que seamos las mujeres las que nos ocupemos de la salud de nuestra sociedad en todas las especialidades, las médicas, las quirúrgicas, las críticas y como no podría ser de otra forma también en la MUE. Nunca me he sentido discriminada por el hecho de ser mujer, pero recuerdo en mis años jóvenes aquella rara sensación de ser un florero en un mundo plagado de hombres. Eran otros tiempos. Aprendí a hacerme valer.

Otro tema es, como mujer, como se compagina la vida laboral, con las famosas guardias y largos turnos, con la vida familiar, sobre todo durante los embarazos o cuando los niños son pequeños. Aquí también han cambiado los tiempos, el embarazo era una “situación normal” para la mujer, decía mi ginecólogo y por lo tanto seguía trabajando al ritmo habitual y nunca me sentí discriminada por ello. Tampoco pedía un trato diferencial, porque la medicina era y sigue siendo para mí una parte esencial de mi vida como lo son mis hijos. Algo les habré enseñado de eso, cuando uno de ellos, la chica, sigue mis pasos.

Ser un buen médico no depende de los cromosomas, si no de la vocación, la dedicación, el estudio, todo éso no tienen sexo y los pacientes lo saben. No me gusta la discriminación positiva por ser mujer, quiero que se me reconozca por lo que soy, lo que sé y lo que me he preparado, ni más ni menos y competir con mis compañeros/as en igualdad de condiciones. Eso es lo que espero de los directivos actuales.

La verdad, es que, si miras la facultad de medicina, la mayoría son mujeres. Los residentes también mayoría chicas. Los adjuntos ya andaremos al 50%. ¿Pero qué pasa con los jefes de servicio? pues lo mismo, los antiguos eran hombres, pero los actuales cada vez se nombran más mujeres como no podía ser de otra forma. Ha tardado, los cambios son lentos, pero llegan y tarde o temprano llegaran a los catedráticos y los rectores. De hecho, en mi universidad hay una rectora y en mi facultad una decana, así que soy optimista: la medicina se escribe en femenino en todos sus ámbitos y las mujeres que la amáis tenéis un futuro maravilloso.

La MUE es la medicina con letras mayúsculas, necesita una gran preparación y dedicación. Quién no ama la MUE no sobrevive en urgencias, pero quién la ama, no sabe vivir sin ella. Si no existiera la MUE habría que inventarla y los pacientes nos lo confirman todos los días cuando acuden a nuestros servicios con la firme convicción que les resolveremos sus problemas de salud y algún que otro añadido, no tan médico.

Así que mujeres que os dedicáis a la urgencia y la emergencia por vocación debéis creer en vosotras, en vuestras posibilidades, porque lo valéis y además no tengo la menor duda que el futuro es vuestro.

Carmen Boqué Oliva, urgencióloga